miércoles, 10 de junio de 2026

Nadie es responsable de la familia que le toca

Pintor Pedro Pablo Oliva

Nadie puede hacerse responsable por lo que hicieron sus antepasados. ¿Cómo serlo?, si en realidad no podemos responsabilizarnos ni con lo que hacen nuestros propios hijos. Así y todo a nadie le gustaría tener en su árbol genealógico un familiar como el que le tocó a este pintor Cubano. Pedro Pablo Oliva es su nombre, es un pintor graduado de la Academia de Artes Plásticas de Pinar del Río en el año 1965 y, cinco años después, perfeccionó sus conocimientos en la Escuela Nacional de Arte de Cubanacán en la Habana. 

Oliva ha sido un pintor multi premiado con mas de veinte muestras personales y cientos de exposiciones colectivas, galerías, bienales e incluso internacionalmente en varios países. Pero el tema es que este señor tuvo un abuelo que jugó un papel tremendo en una parte de nuestra historia. Se trata del nieto del excelente tirador y fusilero del segundo batallón español que, comandado por el coronel Ximénez de Sandoval, fue el que terminó con la vida del apóstol en aquella maldita sabana de Dos Ríos, el 19 de Mayo de 1895.

Dice este artista que los cuadros que pinta de Martí son como una especie de exorcismo personal por lo que hizo su abuelo en el pasado. Así es la guerra, unos van a matar y otro a que los maten, y si algo exoneró a su abuelo fue que no sabía ni quien era Martí, mucho menos si perdido por la imprudencia de Máximo Gómez se dirigiera directo a la mirilla de su fusil.

Y decimos fusil, por que según declaró el cabo sanitario español Juan Trujillo el 23 de mayo de 1899 al periódico "La Discusión", el fusilero Oliva había rematado a Martí de un tiro de su tercerola Remington de calibre 11, que era el arma oficial de la caballería de la guardia civil española. Por otro lado Cayetano Martí Arias, práctico Cubano que contó su versión de los hechos, dijo que cuando Martí apareció revólver en mano ya se había decretado el alto al fuego, y que si no le llegan a matar se hubiera metido dentro de las propias línea enemigas.

Esto coincide con lo declarado el 30 de enero de 1899 por el capitán Fernando Iglesias, jefe de la compañía española que sostuvo el peso del combate al periódico "La Discusión", que Oliva disparó contra Martí al venir este cabalgando en su misma dirección. Su propio nieto sostiene la versión de que su abuelo se encontraba parapetado justo por donde venía el cabalgando el maestro, lo que prueba que Martí no sabía ni hacia donde iba.

Arias aseguró que si los Españoles hubieran sabido que era Martí, hubieran preferido cogerlo preso como es lógico, más tratándose de que el coronel Ximénez de Sandoval lo conocía perfectamente. Cuando el tal Oliva fue a celebrarlo con una botella de anís en la taberna de Jaime Sánchez, el hombre que ayudó a confeccionar el sarcófago de cedro barato donde metieron el cadáver, dijo que celebraba el haberle dado muerte a un tal "Martínez" que, según sus jefes, era un enemigo importante.

Este Oliva, a juzgar por lo que dijo su propia hermana Olivia y su primo mambí Juan Eugenio Oliva al periódico "Patria", se embarcó hacia España a raíz de aquellos hechos. Quizás sintió que nada bueno le deparaba por lo que había hecho. Aun así los mentirosos compulsivos de la "mesa redonda Castrista" volvieron a repicar en el 2015 una vieja mentira publicada en la revista Bohemia, donde decían que lo habían ajusticiado a machetazos en Palmarito de Cauto, Santiago de Cuba.

Una más con las que han fabricado una imagen de aquella insurgencia que en nada se corresponde con la realidad. Lo verdaderamente inadmisible fue el error cometido ese día por Máximo Gómez, al permitir que el hombre que había organizado aquel alzamiento se viera involucrado en un tiroteo de poca monta, que nada significaba desde el punto de vista estratégico en aquella guerra. Incluso contando con 200 hombres al mando del general Bartolomé Masó.

A nuestro juicio, ese error de Gómez fue mucho más grave que lo que pudo, o no, haber hecho el tal Oliva. De hecho fue Martí la única baja mortal en aquel encuentro. Solo nos remitimos a una carta hecha por el propio coronel Ximénez de Sandoval al albacea de Martí, Gonzalo de Quesada y Aróstegui, fechada el 4 de septiembre de 1908 en Valencia, en la cual señalaba a Máximo Gómez como el único responsable de esa muerte: "Si un consejo de guerra le hubiera juzgado, así lo habría estimado, por no saberse imponer a Martí, atacar a ciegas y dejar hacer a sus subordinados cuanto les vino en ganas”.

Puede, no lo sabemos, que Martí haya querido quitarse de encima ese "sambenito" de cobarde, el mismo que le llevó incluso a retar a duelo en 1891 al general y jefe del ejercito en las Tunas, Enrique Collazo Tejada, quien lo acusó de rehuir el peligro, adular a los emigrados e incluso, de servir a España y a los Estados Unidos.

“Si de nuevo llegase la hora del sacrificio, tal vez no podríamos estrechar la mano de Ud en la manigua de Cuba", dijo Collazo a lo que Martí respondió: "Si mi vida me defiende, nada puedo alegar que me ampare más que ella… Pero no habrá que esperar a la manigua, Sr. Collazo, para darnos las manos, sino que tendré vivo placer en recibir de Ud una visita inmediata, en el plazo y país que le parezcan convenientes".


Maldita Hemeroteca

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