lunes, 1 de abril de 2024

JOSE MARTÍ: Víctima de una traición Cubana


El ensayista e historiador Martiano, Guillermo de Zéndegui y Carbonell, en su obra "Ámbito de Martí, de 1954, nos narra como estando el apóstol en su destierro en Madrid, se puso en contacto con el estudiante de medicina Carlos Sauvalle y Blaín, a quien había conocido en La Habana y que al igual que él, había sido deportado en 1870. Este historiador, de Marianao, escapó de Cuba el uno de enero de 1959, junto con el dictador Fulgencio Batista.

No cuenta que por esos días Martí padecía de una sarcoidosis, o tumoración en uno de sus testículos, y que este amigo, precisamente, es quien costea los gastos de las primeras curaciones. Y aunque era una enfermedad adquirida por Martí en su adolescencia, se le había agravado por el uso de los grilletes de su etapa del presidio Habanero. Esos hierros le produjeron llagas además, que no fueron curadas tampoco y que también le dejaron secuelas. 

Por otro lado el polémico periodista y político liberal matancero, Ramón Vasconcelos Maragliano, ministro de educación del gobierno de Fulgencio Batista en 1940, en su obra “Predestinación de José Martí" de 1939, refleja el estado de la ciudad de la Habana en la época en la que se desenvolvió Martí: 

“La higiene era un lujo. Las calles mal empedradas o convertidas en lodazales por donde corrían aguas pestilentes que justifican su nombre de Arroyo. Misas, vueltas y revueltas por la Plaza de Armas, el Prado, Carlos III y Alameda de Paula. Carceleros de argollas en la orejas. Bufos. Vómito negro. Viruela. Hampa libre. Todas las impunidades y todas las inquietudes de la factoría. Esa era La Habana de 1853. ”

Durante el destierro, Martí es atendido en la capital española por los doctores Juan Ramón Gómez Pamo y el cirujano cubano Hilario Candela, este último es quien le realiza una intervención quirúrgica por el sarcocele de un testículo que venía padeciendo desde esa etapa en la capital cubana. Y aunque lo mejora bastante, no lo cura del todo. De hecho es el Dr. Francisco Montes de Oca, quien estando en Mexico decide practicarle una exéresis total (extirpación) total de ese testículo enfermo.

Se conoce también que que cuando Martí murió en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895, ya su organismo estaba bastante tocado por secuelas propias de estas dolencias que padeció de joven. No solo la sarcoidosis, el apóstol presentaba serios problemas cardíacos, respiratorios, dolores de cabeza, ulceras inguinales, en ocasiones sufría disfonía y hasta el párpado derecho lo tenía caído, uno de los síntomas propios de esa enfermedad testicular. 

Sin contar el deteriorado estado psíquico por el que atravesaba, producto de las contradicciones patrias, su fracaso matrimonial con doña Carmen Zayas, incluyendo la separación de su hijo Jose Francisco. Él mismo se lo cuenta en una carta a su amigo y médico Fermín Valdés Domínguez: "Vivo con el corazón clavado de puñales desde hace muchos años. Hay veces en que me parece que no puedo levantarme de la pena".

Sin embargo hubo otra ocasión en que su vida corrió serio peligro, y no por las enfermedades precisamente. Fue durante un intento de envenenamiento que sufrió en 1882 en la ciudad de Tampa, en los Estados Unidos, que no solo le pudo haber modificado su salud, si no alterado la misma historia de Cuba. En aquella ocasión tuvo que ser atendido por el Dr. Miguel Barbarrosa y Márquez, quien afortunadamente pudo minimizar los efectos del veneno ingerido, mediante vómitos provocados y un rápido lavado estomacal. 

LOS HECHOS

Luego de realizar un recorrido por otras ciudades, donde ofreciera discursos en español e inglés, Martí llega a la ciudad de Tampa el 16 de diciembre de 1892. Se conoce que por aquellos años el líder cubano se encontraba fuertemente vigilado por España, mediante espías de la agencia de inteligencia norteamericana Pinkerton. Allí, elementos cercanos al apóstol, pero traidores, lo intentan mediante el envenenamiento.

Se lo administraron en una copa del vino preferido de Martí, el "Vin Mariani". Este era un licor que en su elaboración contenía un por ciento de extracto de la hoja de coca, y que además de adictivo era muy popular en la élite mundial por aquellos años. Lo tomaba hasta el Papa León XIII. Era el caldo que Martí bebía asiduamente, y no la Ginebra como se ha afirmado erróneamente.

Gracias a eso, fue que afortunadamente el apóstol detectó el sabor extraño del veneno al llevárselo a los labios durante el primer sorbo. Tras una rápida intuición, consiguió devolver la mayor cantidad, pero aún así sufrió sus efectos. El Dr. Barbarrosa, amigo y médico de Martí en esa ciudad, es quien lo atiende y sugiere hacer analizar el resto. El medico olfateó el licor, lo degustó con cautela y dijo: “¡Sí; me parece que sí... es ácido... Déjeme hacerlo analizar!.

Así lo narra la investigadora de la academia de ciencias de Cuba, la doctora santiaguera, Nydia Sarabia Hernández, en "Notas confidenciales sobre Cuba 1878-1895", nos cuenta como mientras el doctor se ocultaba la botella en el faldón de la levita, Martí le tomó por un brazo y le dijo mirándole fijamente: 

“De esto, amigo mío, sí fuese cierto, ¡ni una palabra a nadie!”. Y es que los autores del intento, lejos de ser espías americanos o españoles, ¡eran dos cubanos!. 

Se trataban de dos individuos --un blanco y un mulato-- quienes se habían ofrecido para servirle a Martí como auxiliares, y que desaparecieron rápidamente de la estancia. Fue la patriota, Paulina Pedroso, quien llevaría a Martí para su casa, custodiado, día y noche, por su esposo Ruperto. 

“Una tarde - y siguiendo con la narración de Nidya Sarabia en su libro - se presentó en la casa uno de aquellos auxiliares desaparecidos: el blanco. Venía trémulo, contrito. Ruperto hizo ademán de lanzarse sobre él pero Martí le contuvo, y echándole el brazo por encima del hombro, se encerró con él en su cuarto. Al cabo de un rato, el otro salió con los ojos enrojecidos y el rostro más alto: Ese - díjole Martí a Ruperto - será uno de los que habrá de disparar en Cuba los primeros tiros.”  

El vaticinio se cumplió. Dos años después, estos dos hombres figuraron en una de las primeras expediciones. El sicario, que en la manigua cubana se ganó el grado de comandante, se llamó Valentín Castro Córdova.  El 19 de enero de 1893, Martí le escribió a Serafín Sánchez: 

“Sólo para que vea la letra mía le escribo sin poder. A Vd. puedo decirle que mi enfermedad de Tampa no fue natural, -que el aviso expreso que recibí de antemano sobre el lugar, y casi sobre la persona, fue cierto, - y que padezco aún de las consecuencias, de una maldad que se pude detener a tiempo. Sofoqué el escándalo, y aquí lo he desviado. Pero he padecido mucho, Serafín. Aún no puedo sostener la pluma. Mi estómago no soporta aún alimento, después de un mes.”

Es por eso que muchos facultativos, así como las distintas tesis hechas al respecto, apostaron a que de no haber muerto Martí en Dos Ríos, de haber incluso sobrevivido y llegar hasta la fundación de la república, no hubiera podido vivir muchos años más. De este comandante, Valentín Castro, a pesar de lo narrado por Nydia junto a otros historiadores, la dictadura castrista - que sepamos - jamás mencionó ese nombre. De hecho sería incontable la cantidad de Cubanos que, actualmente, ni conocen siquiera este episodio de nuestra historia. 

Si bien José Martí fue un hombre enfermo, nunca se dejó llevar por las adversidades; su coraje fue siempre superior a sus dolencias. Las enfermedades que padeció, y que le afectaron varios órganos y sistemas, no lograron disminuir su laboreo constante por lograr una patria libre. Les dejamos todos los médicos que atendieron a José Martí durante su vida. 

(Fuente: Las citadas en el texto. // MEDISAN, revista médica de Santiago de Cuba)
  • Dr. Hilario Candela -España
  • Dr. Juan Ramón Gómez Pamo -España
  • Dr. Fermín Valdés Domínguez Quintanó- España y EE UU
  • Dr. José Peón Contreras-México
  • Dr. Francisco Montes de Oca -México
  • Dr. Regino González -México
  • Dr. José María López -Honduras
  • Dr. Juan Santos Fernández Hernández -Cuba
  • Dr. Pablo Aureliano de Valencia y Forns -Cuba
  • Dr. Joaquín Castillo Duany -Cuba
  • Dr. Guillermo Fernández Mascaró -Cuba
  • Dr. Pero Hechavarría Sánchez -Cuba
  • Dr. Antonio Illás Portuondo -Cuba
  • Dr. Juan Montero Zambrano -Cuba
  • Dr. Juan Gómez Valdés -Cuba
  • Dr. Juan Cisneros Correa -Estados Unidos
  • Dr. Eligio María Palma Fúster -Estados Unidos
  • Dr. José R. Álvarez Chacón- Estados Unidos
  • Dr. Miguel Barbarrosa Márquez -Estados Unidos
  • Dr. Ramón Luis Miranda Torres -Estados Unidos
  • Dr. Federico Brunet Hernández -Estados Unidos
  • Dr. Virgilio Zayas Bazán -Estados Unidos
  • Dr. Manuel Álvarez -Estados Unidos
  • Dr. Ulpiano Dellundé Prado -Haití y R. Dominicana
  • Ramón Salcedo -República Dominicana

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