martes, 28 de enero de 2025

La parentela poco conocida del apóstol José Martí (II)

María Mantilla sentada junto a su hija María Teresa Romero y el niño Joaquín de la Cova, en una foto tomada en 1953.

La partida de matrimonio de José Martí y Carmen Zayas Bazán fue hallada en la Catedral Metropolitana de México, antes de que se produjera la visita de Benedicto XVI en 2012. 

El hallazgo se produjo a raíz de un comentario que llegó a oídos del arzobispado primado de México, con la información de que José Martí se había casado en esa catedral. A partir de ese momento, se realizó una búsqueda exhaustiva en los archivos del recinto y, afortunadamente, se encontró el citado documento.

Según el acta, que está fechada 20 de diciembre de 1877, la unión matrimonial entre el joven soltero de 24 años, José Martí Pérez y Carmen Zayas Bazán, de 21, aconteció en la Catedral Metropolitana después de cumplir con los trámites religiosos ofrecidos por el cura interino, Don Ambrosio de Lara.

Carmen Zayas Bazán, natural de Puerto Príncipe, Camagüey, emigró con su padre a México en 1871 y allí conoció a Martí en la casa de Ramón Guzmán, en febrero del año 1875. El convite de este matrimonio se celebró en el hogar de Manuel Mercado, el mejor amigo del recién casado.

Esta acta fue encontrada en el contexto de la visita del entonces papa alemán Joseph Aloisius Ratzinger, Benedicto XVI, primero a México y luego a Cuba, después del desalojo de una iglesia cubana aprobado por el Cardenal de la Isla, Jaime Ortega, que tuvo un amplio rechazo internacional. 

Recordemos que ese año 2012 la policía cubana había desalojado a un grupo de trece disidentes que ocuparon por 48 horas un templo de La Habana - la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Caridad - para exigir al régimen castrista mejoras en los derechos humanos aprovechando la visita a la isla del sumo pontífice. Los jerarcas de la Iglesia Católica en Cuba, que como vienen haciendo desde hace muchísimos años, cooperaron con las fuerzas del régimen, propiciaron el desalojo de estos protestantes que se negaban a salir.

Certificado de defunción del señor Manuel Mantilla.
Dueño de la pensión donde vivía Jose Martí.

El pedido a la policía fue hecho por el propio Jaime Ortega, entonces cardenal, un hecho que fue calificado como lamentable y denunciado por la propia iglesia católica porque amenazaba con nublar la citada visita, pactada entre los días 26 y 28 de ese mes. El G-2 Cubano (policía secreta) se encargó del resto.

LA HIJA DE MARTÍ

Cuando el Apóstol llegó a Nueva York el 3 de enero de 1880, se albergó en el hogar de su compañero del presidio político, Miguel Fernández Ledesma, en el 337 W y 31 Street. Pocas semanas después se mudó para la residencia del matrimonio de Manuel Mantilla y Carmen Miyares en el 49 E. 29 Street en Manhattan, a solo seis cuadras de distancia.

Como es sabido, algunos historiadores en la isla se empeñan en  seguir mintiendo en relación a esta hija que tuvo Martí con esta señora, e incluso mienten en cuanto a la salud del esposo de Carmen Miyares, el señor Manuel Mantilla. Han dicho que era un anciano desvalido en sillas de ruedas. Nada más lejos de la verdad.

La prueba es que el certificado de defunción de este señorencontrado por el ya fallecido historiador cubano, Antonio de la Cova, da cuenta que el señor Mantilla solo tenía 42 años. Otra cosa es que no tuviera una buena salud. Además, de la Cova aportó tambien el censo efectuado en la Ciudad de New York de 1880, y este demuestra que cuando José Martí se fue a vivir con ellos ese año, el señor Mantilla contaba con 37 años. Mantilla murió del corazón el 12 de febrero de 1885.

Al respecto, la escritora norteamericana Blanche Zacharie de Baralt, de sangre cubana y primera mujer graduada en Filosofía y Letras en la universidad de la Habana, dijo acerca de este matrimonio Mantilla-Miyares que conocía muy bien:

Blanche
"
Mantilla tenía un comercio de tabaco, que según parece, no producía lo suficiente y menos desde que andaba quebrantada su salud al punto de ser casi un inválido. Carmita, más joven y llena de energías, suplementaba las escasas ganancias del marido aceptando en su casa algunos huéspedes.

La vida en la emigración era difícil y los Mantilla tenían entonces tres hijos que mantener: Manuel de nueve años de edad, Carmita de siete y Ernesto de tres. María, la más chica, no había nacido todavía. Martí había dejado atrás a la esposa, al hijo de su adoración, los padres, la patria y se encontraba sin brújula, sin saber como iba a orientarse en una tierra extranjera. La casa de Mantilla se le ofreció como un hogar".

María del Carmen Miyares y Peoli había nacido el 8 de octubre de 1848, apenas sobre pasaba los treinta años cuando José Martí la conoció. Su familia era de tradición combativa. Su padre, Carlos Miyares Egui, era natural de Puerto Rico y tenía ideas separatistas; en tanto que su madre, la habanera Socorro Peoli y Mancebo, se decía que era descendiente de los hermanos Peoli, (Paoli) unos Corsos que se enfrentaron a Francia por la independencia de Córcega.

Es bueno aclarar, que la opinión de esta señora podría haber estado condicionada a que su esposo, el señor Luis Alejandro Baralt, tenía Peoli como segundo apellido con lo cual podrían haber sido "parientes" de la señora Miyares. No lo tenemos claro. De Carmen Miyares, la señora Baralt agregó también esto:

"El aura de libertad le venía en la médula. Era animosa […] robusta, siempre dispuesta a ayudar a los demás; su gran corazón era refugio y consuelo de tristes […] el carácter de Carmita era un champagne […] no he conocido un alma más caritativa y abnegada”. 

Su hija, Adelaida Baralt Peoli, (con seudónimo literario Adelaida Ral) casada con el camagüeyano Mariano Brull y fallecida en 1952 en Bruselas, fue la que le encargó a José Martí en 1885 la única novela que escribió, "Amistades Funestas o Lucía Jerez".

Su madre Blanche, autora en 1945 del libro "El Martí que yo conocí", falleció en Ottawa, Canadá, el 11 de noviembre de 1947. Por su parte el abogado y embajador habanero Gonzalo de Quesada y Arostegui, radicado en New York, amigo intimo y albacea de José Martí, dejó sus impresiones desde una visión masculina:

Reside su mayor encanto, más que en su figura airosa, en el poco común equilibrio de carácter, reflejado en la singular serenidad de su rostro, de salientes pómulos, en la gracia natural del ademán y la innata amabilidad […]”. 

Por otro lado, sería fácil deducir que estas palabras de Martí hacia la niña María no son las propias de un padrino, aquí se perciben otros sentimientos mucho más fuertes que eso...

“¿Y cómo no te querré yo, que te llevo siempre a mi lado, que te busco cuando me siento a la mesa, que cuanto leo y veo te lo quiero decir, que no me levanto sin apoyarme en tu mano ni me acuesto sin cuidar ni acariciar tu cabeza?”.

Con los años esa misma niña, María Mantilla, declaraba esto:

 "Yo, como usted sabe soy la hija de Martí, y mis 4 hijos: María Teresa, César, Graciela y Eduardo Romero, son los únicos nietos de José Martí 

[…] Y también quiero dar a conocer los nombres de los cuatro biznietos de Martí. Robert y Holly Hope –hijos de Graciela, y Victoria María y Martí, las hijas de Eduardo […] No me quedan muchos años más de vida, quiero dar a conocer al mundo este secreto que guardo en mi corazón con tanto orgullo y satisfacción". 

En respuesta, y también con carácter confidencial, Gonzalo de Quesada le escribe a María Mantilla de Romero:

“Todos sabemos que usted lo es, y que si por ejemplo nosotros los Quesada nunca lo hemos expresado públicamente, es porque no ha sido hasta ahora en que usted lo autoriza y hasta desea que se haga saber”. 

Según publicó la periodista e investigadora en el Instituto de Historia de la Academia de Ciencias de CubaNydia Yolanda Sarabia, que además cita como fuente la página 96 del libro de Gonzalo de Quesada "Martí, hombre", de 1940, la nuera de José Martí, Doña María Teresa Bances y Fernández-Criado, más conocida como Teté Bances, dijo de María Mantilla cuando la conoció: 

"Cuál no sería mi sorpresa al anunciar la llegada de María Mantilla. Cuando la vi por primera vez en persona y bastante cerca, me impresionó el parecido que tenía con mi esposo, ya fallecido, Pepe Martí. No podía creer que ese parecido físico guardara relación con Pepe. 

A medida que la veía conversar con los que la rodeaban me percataba que en sus ademanes, su sonrisa, su forma hasta de sentarse, aparte del parecido físico, como la cara y las manos eran tan iguales a las de Martí, que no pude por menos que convencerme que existía un parentesco entre ambos".

María Teresa Bances y Fernández-Criado nació en La Habana el 8 de febrero de 1890. Su padre era un importante banquero que como regalo de bodas le obsequió la mansión del vedado. Teté fue educada por institutrices extranjeras, era políglota, y contrajo nupcias con José Francisco Martí el 21 de febrero de 1916. No tuvieron descendencia.

Junto a la tinerfeña, Mercedes Pinto de Carrillo, fue fundadora de la Cruz Roja, vivió en la casona colonial hasta su muerte. Siempre rechazó la visita del tirano Fidel Castro, pero una vez fue sepultada, dos de sus esbirros, Armando Hart y Eusebio Leal, desvalijaron todos sus bienes, un tesoro de la historia Cubana de incalculables proporciones.

Margarita y Victoria
LAS NIETAS 

En febrero de 2004 las nietas de María Mantilla visitaron Santiago de Cuba. Victoria Romero, maestra que reside en Hawai y Martí Margarita, californiana y ama de casa. Allí recibieron explicaciones acerca de los vínculos del héroe con las familias santiagueras, el intercambio epistolar desde el exilio y las relaciones con los Sellén, los Collazo, y, por supuesto, los Miyares Peoli y Mantilla.

Recorrieron sitios vinculados al Maestro, incluido Dos Ríos y, según publicó Elvira Orozco en “Tras las huellas del cariño”, visiblemente emocionadas depositaron una ofrenda floral ante el mausoleo en la necrópolis de Santa Ifigenia: 

Martí Margarita Romero: 

"Estamos recibiendo, tal vez, la clase más grande de historia que no hemos tenido en casa. Hay tanta historia en esta Isla que hemos estado inundadas de información, de nombres, fechas, lugares

…. Fuimos a ver tantos monumentos y cada uno de ellos era más emocionante que el que habíamos visitado anteriormente. Conocimos a los descendientes de Maceo, lo que fue muy emotivo para nosotras y ahora tenemos que absorber todo eso". 

Victoria Romero: 

"Me ha causado grata impresión el mausoleo, es extraordinario, sobrepasa las ideas de lo que pensamos íbamos a ver, pensé que era simplemente como en las fotos que habíamos visto en las revistas, pensé que iba a ser muy modesto, pero esto realmente es un hermoso homenaje a José Martí, es precioso. 

Ojalá a la abuela le hubiera sido posible estar aquí y participar en esto. Vamos a llevar a nuestra casa muchos recuerdos, muchas ideas para nuestro padre. Tengo que ser realmente honesta con ustedes. Somos simples madres y esposas, y no somos especiales. Créanme, esto es una experiencia única para nosotros. 

Perdónennos si titubeamos un poco en nuestras palabras, si no nos viene a la mente la expresión ideal, pero esto es tan sólo nuestro comienzo con respecto al futuro y a Cuba. Tengo muchas ideas. Estamos planteando un estudio sobre nuestra bisabuela Carmen Miyares y nuestra abuela María Mantilla. Vamos a buscar más fotos en los álbumes de nuestros familiares y creo que la próxima vez que vengamos, vamos a venir mejor preparadas".

Que sepamos, nunca más volvieron.

Agregar que Carmen Zayas Bazan, que pese a todo lo sucedido guardó el luto hasta su muerte, esta sepultada en el panteón de la familia en la necrópolis de su ciudad natal, Camaguey, luego de haber sido trasladados desde el cementerio de Colón en la Habana el treinta de junio de 1951, mismo día en que los restos de su esposo reposaron definitivamente en el mausoleo de Santa Ifigenia.
  

Maldita Hemeroteca.
Fuentes: Prensa Cubana de la época y citadas. 

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